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Completitud

completitud
Written by Bernardo Arroyo

Para Jung, la mejor acción que puede realizar un individuo es llegar a la completitud. Las experiencias nos demuestran una y otra vez que es una montaña muy alta, y una vez que se alcanza lo que se creía era la cumbre, siempre aparecen nuevos picos por conquistar. Tenemos un instinto hacia la auto-trascendencia, a ir más allá de nuestros límites y la incompletitud que reconocemos al encontrarnos nuevamente a medio camino es resultado directo de este instinto.

Estando en contacto constante con esta energía humana dirigida hacia la auto-trascendencia, podemos más bien decir que nuestra mejor acción es expresar la completitud. Ciertamente los límites de nuestras capacidades físicas, biológicas, lingüísticas o artísticas  admiten una y otra vez perfeccionamientos futuros y el desenvolvimiento evolutivo de las mismas permiten mayores campos de experimentación, sin embargo en vez de convertirles en un objetivo en sí mismas habrá que considerarlas más bien herramientas para el desenvolvimiento de un aspecto fundamental de nuestra naturaleza: La completitud originaria.

Esta completitud siempre excede los límites de nuestras herramientas conceptuales, las desborda dejándonos una y otra vez perplejos con los innumerables matices que muestra al aproximarnos a ella. La sutileza con la que es posible entreverla requiere el abandono de muchos hábitos mentales y ortodoxias que marcan las pautas con las que estamos acostumbrados a conocer el mundo, pero que bien vale la pena trascender para tener acceso a cierto tipo de experiencias resultado del desarrollo de habilidades intuitivas, creativas y vitales que transforman nuestra cosmovisión entera.

Trascender es una palabra extraña y potente, reúne nuestras energías y las coloca al servicio de cualquiera sea nuestra definición de la misma. Definir, es marcar un límite, trazar cuidadosamente una demarcación o frontera que incluye ciertos aspectos del mundo y excluye a otros. Este acto de división es convencional en el sentido que responde a nuestros ideales, es decir, precisamente a la definición de trascendencia. La circularidad de este argumento, esta tautología es incómoda ya que a menos de que haya una autoridad externa que defina con una línea en llamas definiendo por una parte que es trascender, y cuáles son nuestras ocupaciones mundanas, o qué es sagrado y que no lo es, parece imposible discernir entre las cualidades de nuestra realidad.

Siguiendo a Nietzche, en la tercera transformación del hombre en Así hablo Zarathustra, el niño es una rueda que gira por sí misma, crea sus propios valores. La circularidad del argumento sobre la definición es un bucle que se crea a sí mismo, que es capaz de trazar sin influencias externas a él esas líneas en llamas que trazan fronteras, es decir la auto-trascendencia.

Por muchos siglos, la civilización occidental ha confiado en la inteligibilidad de la verdad o la posibilidad de una definición última de la trascendencia, siempre colocándola dentro o fuera de un límite de acuerdo a las formas arcaicas, mágicas, míticas o racionales de su cosmovisión. Hoy en día, como ha sido demostrado por Jean Gebser, Ken Wilber, Sri Aurobindo,  entre muchos otros, atendemos al florecimiento de una nueva forma de habitar la realidad. En esta nueva conciencia, todas nuestras herramientas y puntos de vista están transformándose y con ellas también se están transformando nuestros ideales como humanidad, claro está también incluyendo el paradigma de la inteligibilidad de la verdad.

Desde los puntos de vista arcaicos, mágicos, míticos o racionales las transformaciones a las que atendemos son incomprensibles, o en el peor de los casos apropiadas y confundidas con las sombras de su propio nivel. Así, comprender y expresar ideas como completitud, trascendencia, verdad, misterio debe hacerse cuidadosamente para evitar ser un objeto de consumo más, un nuevos dios, un fetiche o una reabsorción en el silencio arcaico. Y en el caso de un nuevo nivel de conciencia, afrontar con valor los peligros y dificultades propios de un nuevo mundo en el que la acción resulta apenas apropiada para un rango de experiencias a las que no siempre estamos familiarizados.

¿Hay acaso, una via regia, un camino en esta pasión vital por ser más? De hecho lo recorremos hoy en día: Desde las primeras partículas subatómicas hasta hoy en día todo ha sido tan bello como el primer día de la creación, sin embargo sabemos que no ha sido fácil, es más, es un milagro que hayamos llegado hasta aquí y la pregunta podría convertirse en ¿Qué tan profundo es el camino?. La primera pregunta quisiera un set de instrucciones racionales para que infaliblemente se alcance un punto último, comprenderlo todo en un instante y poder inferir desde este conocimiento los pensamientos de la divinidad. Ahora bien, una y otra vez en el siglo XX hemos encontrado que ese punto último no existe ya que hay abismos de indeterminación en todo lo que nos rodea, descubriendo así la respuesta a la segunda pregunta: Es racionalmente incognoscible.

Aprender a vivir entre los escombros de la razón no debe significar el abandono de la misma, en su nivel es una poderosa herramienta que va aprendiendo a coexistir con todos los demás niveles de conciencia para reunirse en lo que Jean Gebser llama el nivel integral.

Esta idea, da un sentido mucho más amplio a la idea de completitud que Jung sostiene como el objetivo de su psicología: Completar la individuación. Comprender su significado e implicaciones es de hecho continuar el camino evolutivo que nos ha llevado hasta aquí, y para eso me propongo expresarlo de la mejor forma que este a mi alcance. La variedad de aspectos en los que ya se está expresando el nivel integral de la conciencia ha aumentado en gran medida desde los primeros teóricos y artistas que tuvieron acceso al mismo en el siglo XX y fueron presentidas desde mucho antes. Hoy en día presenciamos una explosión de posibilidades como resultado de la penetración en todas las esferas de la actividad humana de una cosmovisión que siendo tan amplia como profunda resulta notoriamente difícil de percibir. Habrá por lo tanto que entretejer las líneas de desarrollo de muchas disciplinas y tradiciones distintas, y sobre todo, buscar los puntos donde conectándose unas con otras crean fecundas áreas de mutua interferencia donde sucede la maravilla de la emergencia de lo nuevo.

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Bernardo Arroyo