Aperturas

Octavio Paz y Heidegger: Encuentros en el silencio

paz
Written by Bernardo Arroyo

Una poesía atraviesa nuestro ser. ¿Qué milagro sucede?, ¿De dónde viene?, ¿Cómo se siente?, ¿Qué es?, para Heidegger, hacer preguntas es la suprema devoción del espíritu. La súbita revelación de las profundidades del mundo es simultánea con la revelación de las profundidades del corazón humano. Comprender la vida de lo poético es así mismo recorrer las fronteras de la Naturaleza, pero se hace de  una forma muy especial, una que requiere la transmutación de nuestra sensibilidad, acción y relación con lo poético, con nosotros mismos, con la palabra y nuestro mundo.

En el esfuerzo constante por realizar esta transmutación que integra nuestra experiencia en una continua poesía, nuestra visión es llevada por sinuosos senderos, que en un entrecruzamiento rizomático revelan puntos de encuentro, pensamientos clave, intuiciones fundamentales que sirven de puntos de orientación para proseguir el camino. De estos senderos, los recorridos por Octavio Paz, y Martin Heidegger nos orientan en los lugares más recónditos y bellos a través de sus propias visiones. Dos descripciones siempre son mejor que una, y así, como percibimos la profundidad tridimensional del mundo a través de la visión binocular, igualmente presentimos la profundidad de su bosque interior al comparar sus encuentros en un acto de purificación para entrar al témenos de lo poético.

Los encuentros son numerosos, así mismo, sus distancias nos informan sobre la amplitud embriagadora de las posibilidades del pensamiento. Exploremos algunos de sus encuentros

Al pensamiento habitual que discurre en causalidades lineares le resulta casi incomprensible la mutua determinación simultánea de dos o más cosas, sin embargo como casi todo lo interesante en la vida, la no – linearidad de sus relaciones es fundamental, asi, Paz y Heidegger insisten en esta forma de pensamiento desde muchos ángulos. Dice Heidegger “El artista es la fuente de la obra, y la obra es la fuente del artista, no hay uno sin el otro”. Paz, dice: “Por la palabra el hombre es una metáfora de sí mismo”, o, “Cada lector busca algo en el poema, y no es insólito que lo encuentre, ya lo llevaba dentro”. Así las relaciones que existen entre el artista, obra y el espectador no admiten alguna jerarquía en la que un término prepondere sobre otro. Sabemos que todo está conectado, sin embargo existe ahí también esta imposibilidad de jerarquización entre lo manifestado, cuando esto lo descubre un poeta, es una revolución. Entre los ensordecedores ecos de esta transformación se llega a lo que Heidegger logró en el Ser y el Tiempo: “La liberación del Dasein fuera de su aprisionamiento en lo ente para llevarlo a la apertura del Ser”. En esta apertura habitan los poetas.

Paz, en el libro Corriente Alterna, dice: “Toda experiencia, en poesía, adquiera una tonalidad verbal.” La palabra poética es una dimensión en el que de todas las relaciones posibles se organizan en una composición, de forma que remitan incesantemente a su fuente, su morada. “El lenguaje es la casa del ser. El hombre mora en esta casa, los que piensan y hacen poesía son los custodios de esta morada” Heidegger así coincide cuando Paz dice: “El poeta es el servidor de las palabras”.  Y Heidegger dice: “La creación debería de ser custodia, una construcción humana debería de ser la evocación y habitación de los grandes manantiales der Ser”.  La bella crisis, o ruptura de nuestra época es la ampliación descomunal de esta morada y los nombres posibles para la experiencia contemporánea nos desbordan: Heidegger ante esta situación nos recuerda: “Lo primero que hace el hombre ante una realidad desconocida es nombrar, bautizar”, y claro “Pleno de méritos, pero es poéticamente como el hombre habita esta tierra ” dice Hölderling. El sueño del futuro para Paz y Heidegger, es una adaptación que sea capaz de vivir en una simbiosis poética con el mundo que ha sido descubierto en el siglo XX como fundamentalmente incierto. Heidegger dice: “Al poeta llega el relámpago luminoso, es al poeta a quién busca, él es el que debe recibir el fuego creador y darle alojamiento, brevemente y arriesgándolo todo”.

Tanto Paz, como Heidegger -así como nosotros- viven en una época de expansión del horizonte de posibilidades de lo humano, parte de esta apertura es debida al descubrimiento de que si el lenguaje es la casa del Ser, esta casa es simultáneamente una fuente. Heidegger dice: “El lenguaje es la llegada luminosa-encubridora del ser a sí mismo” y ” La verdad se da bajo la forma de una lucha original entre apertura y ocultamiento”, Así, para Paz “El poeta jamás atenta contra la ambigüedad del vocablo, en el poema, el lenguaje recobra su originalidad primera”.

El lugar donde se realiza el encuentro más profundo entre Paz y Heidegger, y tal vez entre nosotros, es en el silencio. Paz dice: “No sería difícil demostrar en la obra de tres pensadores contemporáneos ‘Wittgenstein, Heidegger, y Lévi-Strauss’ una sorprendente e involuntaria afinidad con el budismo (..) en los tres, la preocupación por el lenguaje es central y los lleva a una conclusión análoga: Toda palabra se resuelve en el silencio.

No se refiere al silencio irónico del expresionismo abstracto, sino uno que es:

 

Una transmisión especial fuera de las escrituras

Que no depende en palabras o letras;

Un señalar directamente al corazón del hombre;

Viendo en nuestra propia naturaleza; y así

Lograr la realización de la budeidad.

(Joseph Campbell ‘Myths to live by”)

La culminación de esta transmutación es lo que en Oriente se le llama “Ananda”, Para Paz, este término es “Deleite con lo Uno, el Centro del poema, una reconciliación de los contrarios, fundición, o pacto”. Heidegger  dice  que  el  mandato  del  silencio  surge  cuando  la lengua desfallece, pero es este desfallecimiento su derrota, ¿O su victoria?

“Más aún que forma de conocimiento, en este sentido profundo, la poesía es un modo de “estar a la escucha, de oír el mandato del silencio de abrirse al ser.” (Jaime Labastida, La poesía y el silencio)El silencio místico en el que habita el poeta, es así mismo, una dimensión temporal distinta a la del tiempo lineal, “La poesía es tiempo, ritmo perpetuamente creador” dice Paz, y también: “El poema es mediación, por gracia suya el tiempo Original, el padre de los tiempos, encarna en un instante y la creación se convierte en presente puro, manantial que se alimenta a sí mismo y transmuta al hombre”.

La irrupción del tiempo, el fenómeno central del siglo XX para Jean Gebser, es precisamente la apertura al claro dónde que nos orientan las intersecciones entre Paz y Heidegger, seguirlas y aunarlas a las propias pistas que hemos encontrado en nuestros caminos divergentes revelarán aquél sentido místico que nos recuerda el budismo cuando compara a la realidad con el reflejo de una sola luna en cien cuencos.

About the author

Bernardo Arroyo