Aperturas

Salir de nuestras casillas

casillas
Written by Bernardo Arroyo

Prácticamente no importa con que palabras empiece una página más. Siempre hay asociaciones que sigo como Alicia al conejo. Sigamos esta línea de fractura:

Salirnos de nuestras casillas implica que siempre hay una casilla vacía delante, alrededor, detrás y dentro de nosotros. ¿Cuál elegiremos? Pueden ser temporales o espaciales, pero en esta intención buscamos el movimiento, el flujo que nos lleva a estar en otro sitio desde donde el mundo aparece distinto. Podemos salir de ellas con el cuidado con el que se trata de salir de una rutina que está demasiado enraizada, o ser desterrados abruptamente de nuestras más profundas concepciones de la vida por la evidencia que nos empuja a la transformación. El mundo sale de sus casillas a un ritmo que no siempre concuerda con el nuestro.

Buscar activamente esa transformación no es muy común, hasta es casi el movimiento contrario en el que el cerebro “madura” y establece una conexión cada vez más centralizada en la red neuronal por default que se activa cuando tenemos ensoñaciones diurnas, pensamos sobre el futuro o sobre lo que otros están pensando. Habilidades que se desarrollan a la par del ego o la auto referencialidad. Ahora bien, los niños no tienen esta red tan centralizada y de acuerdo a un excelente artículo en el New Yorker 2 Se puede decir que probablemente la forma en la que los niños experimentan el mundo sin un ego hace que estén “viajando” todo el tiempo como si estuvieran bajo los influjos de algún psicodélico.

De acuerdo al artículo de wikipedia, las formas en las que se altera esta “red default” son la acupuntura, la meditación, la privación del sueño, etcétera. La conexión que se hace en el artículo del new yorker, es que esta misma red, es una válvula que como Huxley escribe en las puertas de la percepción “filtra” los contenidos de la realidad para ajustarse a los contenidos de lo que nos es familiar. Especialmente para ahorrar energía y no tener que quedarse estupefacto cada vez que vemos un árbol, sino catalogarlo rápidamente y así podernos concentrar en otros temas. Si abrimos de par en par esta válvula, la realidad -como cualquiera que haya experimentado un estado alterado de conciencia sabe- es mucho más de lo que habitualmente vemos, pensamos, sentimos.

Salirnos de nuestras casillas entonces es una afrenta a nuestro funcionamiento habitual, a la interpretación que realizamos del mundo, volver a ser como niños. Ahora, experimentar lo ilimitado de las posibilidades de ubicación de nuestro punto de vista puede hacerse con psicodélicos, y cuando es en un ambiente terapéutico hay resultados excepcionales. Un muy alto porcentaje de los participantes en este tipo de experiencias como la descrita en el New Yorker con pacientes terminales de cáncer lo consideran una experiencia clave de su vida comparable con el nacimiento de un hijo o la muerte de alguno de sus padres, y los efectos terapéuticos (de Therapeia, Atender, dar servicio, cuidar) Y les brinda una experiencia de lo ilimitado, del amor.

Los efectos de los psicodélicos son relativamente transitorios, muy difícilmente comprensibles y además parecen ser  un retroceso en el desenvolvimiento evolutivo de la psique, ya que la ausencia de ego aunque similar al objetivo último de la meditación, no es lo mismo ya que a pesar de que millones de personas los han usado no estamos aún rodeados de budas manifestados. Al contrario, regresa el ego y a la Leary, el ego se apropia de los contenidos de la experiencia, se identifica con ellos y crea una teleología enteogena que precisamente detuvo la investigación con las sustancias psicoactivas por muchas décadas al ser una afrenta directa a “red neuronal default” pero de la cultura entera.

Un cambio radical de cosmovisión, o salir completamente de nuestras casillas por medio de un choque con la amplitud total de la experiencia mística puede tener no sólo la cantidad de “amor” que se descubre, sino también puede tener una cualidad que haga que sea no sólo vertical como un clímax que reverbera como un eco disminuyendo a través de la vida, sino una experiencia que se sostiene por el resto de ella y se articula también utilizando las ventajas que nos da tener un ego. Es decir, no solamente abrir la válvula y dejar que todo el espectro de lo real entre en nosotros indiferenciadamente, sino también ser capaces de traerlo “a este lado del espejo”, de articularlo, de seguir las implicaciones de la fenomenología psicodélica en la experiencia “visionaria” y en la experiencia cotidiana.

Los entreverados caminos que recorre esta línea de diferenciación que voy siguiendo no se detienen con el descubrimiento de como un agente químico altera la estructura  de la red neuronal default -probablemente por el desajuste de las conexiones entre la diferentes áreas del cerebro que provocan los psicodélicos- o sencillamente como es que nos permiten ver otras frecuencias de la realidad. Sino precisamente hacer que esta red sea transformada por el mismo resultado de sus pensamientos.

A mi parecer, en las primeras décadas del siglo XX algo muy especial sucedió. Las aperturas que Aurobindo, Jung, Einstein y Bergson proporcionaron en sus disciplinas yuxtaponiéndose nos dan el extraordinario panorama con el que contamos hoy en día gracias a sus seguidores: Gebser, Wilber, Hillman, Edinger, Pauli, Heissenberg, Chardin y Deleuze. El retorno de las doctrinas no duales, El inconsciente colectivo, la sincronicidad, el espacio-tiempo, la duración y el medio divino, lo virtual y la intuición. Todos son efectos de un nivel de conciencia radicalmente más amplio que saca de sus casillas a todas las concepciones dualistas y mecanicistas que son aún una base muy importante de la cosmovisión contemporánea.

La pregunta es, ¿Qué es lo que se gana ampliando el nivel de conciencia?

Pensar es para Deleuze  “descubrir, inventar, nuevas posibilidades de vida” y aquí viene lo interesante:

En la apertura radical que es estar en un “estado alterado de conciencia” nos ubicamos en el campo donde todas esas posibilidades moran en estado puro -lo virtual-. Creamos un lenguaje nuevo para describir experiencias abstractas por medio de conceptos que los delimitan de una forma que resulta impensable para una red neuronal default (o establishment, o la ortodoxia) y este lenguaje, matemático, filosófico, místico o hasta alquímico, busca nuevas delimitaciones en el flujo informe lo real puro para que pueda ser descubierto.

Curiosamente, este descubrimiento no tiene la forma del lenguaje con el que se le describe, es decir, nunca veremos a “la gran mente”, la piedra filosofal, al si-mismo, un espacio cuatridimensional, o a la duración o al punto Omega.  Sino que su misma actividad si no es literalizada nos hace tener que inventar un nuevo lenguaje para descubrirle nuevamente. En palabras de Deleuze: Lo que retorna siempre es la diferencia.

Una pregunta que me ha inquietado por mucho tiempo es ¿Por qué no es posible vivir en ese estado de pura virtualidad por siempre? Es decir, ¿Por qué creamos conceptos nuevos para que estos siempre sean diferentes de lo que pretenden identificar? . El concepto que tenemos de dios no es Dios, ¿Por qué no abandonar por completo la pretensión de querer nombrar? Esto no nos dá ningún poder sobre lo nombrado, es descubrimiento no posesión. Pero al mismo tiempo es creación, y si alguna vez nos hicimos la pregunta de ¿Por qué existe algo en vez que nada? Tal vez podamos intuir lo profundamente relacionadas que están estas preguntas.  El momento-espacio de actualización, cuando se intersectan creación y descubrimiento es el punto de inflexión en donde tenemos siempre la oportunidad de salirnos de nuestras casillas. De crear y habitar un mundo nuevo. Si en algo nos parecemos a la divinidad es por esta posibilidad de desplazamiento.

 

  1. http://en.wikipedia.org/wiki/Default_mode_network
  2. http://www.newyorker.com/magazine/2015/02/09/trip-treatment?mbid=synd_digg

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Bernardo Arroyo