Aperturas

Pensar es agradecer

twist
Written by Bernardo Arroyo

Denken ist Danken.

Pensar es agradecer.

Después del trabajo que implica abastecerse de ideas, nos demoramos en ellas: Las disfrutamos con el mismo gusto con el que nos vamos de vacaciones -que no es otra cosa que ejercer nuestra libertad- y procedemos a mezclarlas, a escuchar como una resuena con la otra y pensar como quien compone una obra musical, imagina la composición de un cuadro, visualiza la interacción entre el espacio y la forma, o explica el desenvolvimiento de una idea a otra de forma armónica por medio de la palabra.

Pensar procede recorriendo pequeñas rupturas, o singularidades que abren un campo de posibilidades que se exploran a veces locamente, otras con calma, con pasión, temor, alegría. Las notas musicales, cada pincelada, cada piedra y cada palabra son una singularidad que organizamos para crear un concepto desde el cual fluye incesantemente la novedad, la invención, lo diferente inagotable.

Crear es una forma de ser en el mundo única que se revela a sí misma como una singularidad más que busca organizarse en su medio y en este proceso ve al mundo con ojos siempre renovados. Una visión que se asombra incesantemente y se siente viva. ¿Cómo se siente estar vivo? La respuesta es tan íntima que de ella sólo vemos sus reflejos: Las obras que creamos, las palabras que decimos, los actos que realizamos. Sin embargo, tras un tiempo también nos es posible sentir que esa tensión interna, esa energía que nos anima a crear no es exclusiva de nuestra subjetividad, ya que la encontramos en todo lo que nos rodea: La ciudad, las nubes, las personas que deambulan en masa por las calles, los libros, los bosques y las estrellas. Esta tensión interna es una manifestación de la intimidad de la Naturaleza.

Agradecemos estar aquí, ser una singularidad que es capaz de contemplar al mundo y crear en él participando de un ímpetu creativo que recorre la médula de la realidad. Este proceso dinámico implica un espacio paradójico en el que recorremos una contradicción: Por una parte es necesario abismarse en la infinitud de diferencias que podemos reconocer al intentar definir palabras como belleza, bondad y verdad: Conceptos líquidos que se escapan de nuestras manos. Y por otra parte, es necesario representarlas en la plenitud de nuestras capacidades. Darles una forma aunque ésta explote.

Intuimos que más allá de nuestros más preciados conceptos hay una infinitud de posibilidades. Aún dentro del sentimiento de nuestra singularidad -el yo- sabemos que somos un límite ferozmente defendido ante el caos, pero que es erosionado por todo lo que no es este límite. La defensa de esta singularidad en lo personal y lo social es imprescindible, pero es solamente la mitad de un pensamiento ecológico que pueda ser capaz de vivir armónicamente. La otra mitad es la docilidad a la redefinición de los límites, la participación en un pensamiento mucho más grande que nosotros.

La transitoriedad de nuestras verdades no tiene por qué ser catastrófica, al contrario, es una invitación al acto creativo, libre, participativo de sumirse en un mundo increíblemente diverso que nos exige incluir en estas verdades la mayor cantidad de diferencias posibles. Incluir, es crear. Con esta premisa, buscamos entonces aquellos pensamientos que sean capaces de alterar en un proceso iterativo lo que somos, y por participación  también cambiar al mundo.

Esta acumulación de diferencias es evolucionar. La creación de unidades, de singularidades por medio de la inclusión de diferencias organizándolas. Esta organización es una composición, una forma entre infinidad de posibilidades. Nosotros desplegamos nuestra individualidad como resultado del desarrollo de una composición que se hizo posible gracias a una gran cantidad de variables: Desde la composición química del planeta, la filosofía de Platón, o la tecnología actual, siendo cada una de ellas una forma que va trazando una silueta cada vez más diferenciada, más única.

Este desarrollo evolutivo es una progresiva individualización: Desde los tipos diferentes de átomos a la personalidad de cada uno de nosotros. El número de posibilidades de ser único en el mundo va aumentando exponencialmente. En este desarrollo hay aperturas, grietas, o aun heridas que significan un salto en las posibilidades de esta diferenciación: El origen del cosmos, La materia, La vida, La conciencia y es posible que nos estemos acercando a una nueva grieta. Esta nueva grieta es posible al comprender desde la conciencia el proceso por el cual esta es posible. Es decir, comprender el proceso dinámico, creativo que estamos describiendo.

Una individualización excesiva resulta en el colapso de un ecosistema. En la naturaleza hay un balance auto correctivo que impide la preponderancia de una especie sobre otra, y en la selva este balance crea  miles de especies diferentes que son el resultado de este balance. ¿Podemos comprender este método para que sea posible una explosión de individualidades capaces de sobrevivir?

Pero hay una diferencia radical entre la evolución genómica del animal, la planta y el ecosistema y la evolución de la individualidad humana, las sociedades y la noosfera: El sustrato donde estas diferencias se encodifican es cada vez más sutil y menos material. Esta hace que la comunicación en cualquier leguaje se vuelva cada vez más abierta, menos literal, y esto permite una individualización que se efectua en un nivel superior a la que es posible en los ecosistemas biológicos, y que además depende de ellos y su supervivencia.

Comprender el método al que me refiero debería por una parte fomentar la individualización, y simultáneamente la participación. Por una parte la apertura radical a una definición íntima de nuestro ser, y el reconocimiento y autocorrección del medio del que participa. Una autocreación, y también la creación de una humanidad organizada de tal forma que sea capaz de mantener un equilibrio homeostático, autopoiético, y autotrascdendente que es ya la expresión de la siguiente apertura que continúa después de la conciencia.

¿Qué tipo de composición es esta? Al igual que la pregunta sobre el sentimiento de estar vivo, la respuesta a esta pregunta es tan íntima a nosotros y a la realidad que solo veremos sus reflejos, de hecho ya los estamos viendo, pero nuestra atención está tan dispersa que aparece desenfocada e imaginamos que es un fantasma, una fantasía, una ideología transitoria a la cual nos aferramos para asegurarnos de no flotar sin forma en el abismo. Pero ese mismo abismo siempre regresa, siempre hay nuevas formas de ser en el mundo. Y no seremos capaces de sentir, o escuchar la voz íntima que nos informa sobre creaciones posibles si no nos soltamos, y al mismo tiempo, comenzamos a pensar y a agradecer.

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Bernardo Arroyo