Aperturas

El filo de la escritura

filo
Written by Bernardo Arroyo

Luchar sin desesperación. Me imagino escribir como el arte de la espada, el bushidō  del Japón medieval, una escritura intensa pero sin miedo. Precisa, delicada y contundente. La espada: Un útil que deja de distinguirse de la intención que la desliza. La espada en vez de la paz que corta sin ser maculada. Una palabra así es apenas un ideal -me corta a mí mismo- si no se usa sabiamente. Sólo imagino la tensión que existe interiormente en el filo mente/espada en una quietud ininterrumpida por la tormenta. Y cuando llega el momento preciso, solamente fluir con el devenir y hacer el corte exacto en la interface de las contradicciones. No se gana nada. No se pierde nada. Una no-acción que no se distingue de la Naturaleza. El salto exacto del tigre, la gracia del Martín pescador, la economía de la mantis. Solo dejar de estorbar con aspiraciones o búsquedas, dejar ir aún el querer este tipo de palabra.

Conocer y su amor rápidamente se manchan de la sangre en su camino iconoclasta de destrucción, cortando las cabezas de los santos en un rito a la Diosa Razón. Locura, pathos, dislocación, muerte. La palabra sólo es filo y multiplica el fervor con el que ataca superficies infinitas hasta la inexistencia. Hay algo que precede al corte. Antes aún del movimiento.

Un rayo de sol se refleja en la superficie y nos deslumbra: Creemos encontrar la razón en el ángulo en el que sostenemos el acero para maravillarnos de su abnegación. Nada toma, todo lo refleja, sólo saber decir -sí- con una luz prestada que acaba al ocultarse el Sol tras las montañas. Reflexionamos en ciclos deslumbrados, después completamente a oscuras mirando con devoción la superficie. Hay algo que precede a estos ciclos, a toda esta ciencia sin interior.

La unidad palabra/intención. Corte y movimiento. ¿Quién desea hacer el corte? La palabra buscando consumarse terminó muerta en una repetición absurda. ¿Es acaso la intención que desborda a todo lo real, a todo corte? La mente tranquila del absoluto, el Testigo trascendente de todo fenómeno. Su inmediatez inescapable. Una tensión infinita, pero estática. Agazapada por siempre, pero inmóvil. Un gigantesco lienzo en blanco. Es encontrar un punto arquimédico, pero no tener manos.

En esta pureza existo. Soy el caos, un deseo iridiscente.
El salto.

Detrás aún de dios hay otro Dios. Libertad y necesidad. El guerrero y el filo. Fondo y figura. Este Dios es la juntura. El “y”, la herida, la apertura que multiplica su figura al unir arte y artista. Creación infinita. Un día había un Samurai, y una espada, danzan juntos hoy y son más que lo que fueron ayer. Y hay un mundo entero para unirse con él. y…

Y los eternos senderos
Sonriendo sobre nosotros
Atraen a los dominadores del mundo.

Hölderling.

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Bernardo Arroyo