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Presentación

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Written by Bernardo Arroyo

Quisiera escribir de una forma amable. Cuando un espacio vital se constela en la fortuna de la ausencia de preocupaciones básicas se libera gran parte de nuestra energía. Este privilegio bien aprovechado ya no busca obtener más para consumir más, sino que busca expresar facetas humanas que no están relacionadas con la supervivencia, la dominación o el éxito sino más bien buscan la autorrealización. Si esta búsqueda es capaz de desligarse de los ideales propios de los dominios inferiores de nuestras necesidades y apunta aún más allá de sí misma, poco a poco va tomando un matiz lúdico.

Con toda la seriedad y con todo el sentido con el que jugamos un ajedrez con un buen amigo, así busco comunicar lo que ha sido el deleite de muchas tardes en compañía de muchos libros, conversaciones con seres increíbles y horas de escritura y pensamiento rodeado de musas misteriosas. Sin duda estoy lejos de ser un “filósofo profesional” sin embargo la ausencia de una etiqueta como ésta a nadie le arrebata el derecho de jugar a pensar sobre el pensamiento. Se hace tal vez desde otro conjunto de reglas, algunas de ellas prestadas de la academia, otras del fecundo espacio liminal entre disciplinas, y otras desde lugares y momentos muy alejados de lo cotidiano.

En el juego de la filosofía hay que permitirnos pensar y colocamos en el tablero nuestra cosmovisión entera para confrontar al mundo y cambiar junto con él. Contamos siempre con un sistema de creencias, simples o complicadas: Una fe en Dios justiciero, o el más calculado y circunspecto de los nihilismos. Son posiciones que tomamos frente a la vida y sus soluciones son más o menos acertadas en la medida en la que se disfruta y permite la continuación del juego en la fuente continua de novedad en la que estamos inmersos.

Hay una premisa central en mi forma de jugar, y esta es que siempre hay más que las apariencias. Siempre que abordo a un pensador o tema en particular hay un trasfondo luminoso que es el secreto de sus posibilidades. Gracias a este trasfondo, siempre continua el juego, o mejor aún, mana de él. Señalar, escribir, pensar es su constante fluir.

Esta palabra “autorrealización” tiene un peso extraño, como tal, da un sentido a nuestros esfuerzos y sin embargo rápidamente convertirse en una necesidad más a la que aplicamos el mismo método que al hambre compulsiva para cubrir e ignorar nuestra carencia fundamental. No leo ni escribo para ser mejor persona de acuerdo a algún canon, esto puede ser un efecto colateral o puedo crear el efecto contrario como a veces sucede, más bien busco cierta intensidad que a veces termina en la paz, otras en una atroz incertidumbre, a veces en preguntas abismales y otras en el asombro. Salgo de cacería por ideas nuevas y traigo conejos, aves y alebrijes. Especies tal vez confusas, experimentales, abiertas, tradicionales y sobre todo mágicas si aprendemos a ver.

La filosofía contemporánea es un gran bosque en el que encontramos de todo, no puedo prometer que sea sencillo, o siquiera que tenga sentido todo lo que voy hallando y el tipo de textos que escribo. Si son o no comprensibles, útiles o amables habrá que preguntárselo a posteriori, Esto es permitirse pensar y escribo para que deje de ser un deleite privado. Sólo sé una cosa: Detrás de estos textos hay algo más, poco a poco he ido familiarizándome con su potencial y aunque sólo sirva para nunca volver a ver a un simple árbol como solamente un árbol, eso es suficiente para dejarse sorprender por la siguiente tirada del “mysterium magnun” en el juego de una tarde entre dos abismos.

Estos escritos son ramificaciones que se desprenden de un trabajo más amplio llamado “Circumabulaciones”. Esbozos realizados en los últimos años para desplegar una intuición fundamental que siguen derroteros un tanto fuera de la línea principal del trabajo, pero que sin embargo espero valga la pena compartir. Y eventualmente sirvan de contexto para enriquecer tanto mi expresión en la lucha constante con el lenguaje, como los resultados de las especulaciones contenidas en las “Circumambulaciones”.

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Bernardo Arroyo